Agua,
tu inasible forma
sostiene la ensoñación
en la mirada
que te observa.
Frágil transcurre
tu sonoro cristal
de hielo y lluvia,
que se espesa oscuro
en el cauce del río
y se emancipa brutal
en el océano salado;
para volver, evanescente,
en la gota de rocío,
a perlar la hoja
con su peso.
Agua,
que ofreces a la vida
la forma de mirar
de las ideas, repite en mí
tu amniótico recuerdo
con la ilusión
de tus maneras.