jueves, 4 de agosto de 2011

Vampiro

1.
En el rojo atardecer
lo oscuro sobrevuela
impaciente
la huída del día.

Ocultos en la noche
de fieltro del abrigo,
tus entrecerrados ojos
parecen colmillos
brillando su necesidad
ante la presa.

2.
Has dejado de verte
en los espejos
donde tu rostro
supo repetirse.
El deseo de ser otro
empañó con su aliento
el azogue, donde hoy,
ya no ves la imagen
que destruiste
en el sacrificio
de la envidia.
La cruel bilis que creció
en el acre humor
de tu mirada perdida,
devora lo deseado,
y el tiempo, inexorable,
palpita la predestinación
de tu fracaso.

Así hurgaste en ese pecho
el corazón que reirá de ti.
Porque no se transplantan
esos dones, que volverán,
renovados frutos
del árbol de la identidad
que no conoces.
¿En qué momento
dejaste abandonado
el ser que hoy se imita
mirándose en lo ajeno?
Porque no hay forma
de llenar ese vacío,
y la sangre robada
que te nutre,
te envenena.

3.
Ahora,
la caprichosa envidia
que nació sin sueños,
muere en el desencanto
que trae la luz del día,
a la espera de la estaca
que apague el corazón
de tu condena,
y devuelva la imagen
al espejo que tu aliento
ya no empaña.