jueves, 4 de agosto de 2011

Las dos orillas

A Esteban Echeverría
Buenos Aires 1805 / Montevideo 1851


1. Narciso

Descubrió en la imagen que no era él, su imagen.
Memoria hecha futuro en la cambiante forma del hacer,
que sin saberlo, creaba la novedad del mundo y la olvidaba.
Era la obra, para ser en ella como Narciso:
otro, uno y vario, él.

2. Las dos orillas

Oscura conocía
tu ambición original
el destino trágico
de la ilusión romántica,
que en el evanescente exilio
desaparecerá tu cuerpo
de toda sepultura.

Dos orillas
darían curso al ensueño
del París ultramar
que tiñó de luto
la perpleja visión
de tu deseo.

Más fuerte fue
la inicial melancolía,
que arropó tus síntomas
con la desesperanza
de una literatura
que aún aguarda
por ser creada.

3. Huida

Mañana lloverá.
Lo ves en el río,
que parece esperar el agua
que lo hará correr
de vuelta entero.
Y en los sauces,
que amarillean su tristeza
en la ribera, que vacía,
no los nutre.

Vendrá la muerte
que te sigue,
demorada por los cauces
crecidos de la lluvia,
para cerrar tus ojos
a la morosa industria
de la tierra,
que te transformará
en sustancias sin nombre.
Simiente, vida del olvido
ignorada por el tiempo.

4. El Matadero

Pareciera dibujar
una forma en el espacio
el andar de la fiera
ante la presa herida.
Sus pisadas registran
una imagen circular
que en la mente confunde
su significado: la espera
del anhelado sueño
que conjura el día;
mirada sesgada
de la menguante luna,
filoso diente del augurio
que asoma en el contenido
aliento de la ira,
imaginado devenir
del cuerpo, en víscera,
alimento, olvido.

5. Sinopia

Aparecida. Dibujando
los intentos de la vida
en la sinopia que la pátina
cubrirá de tierras,
ocres, malvas y cinabrios;
distanciada la mirada
inacabada y final;
ya cerca ella, de un cielo
que no conoceremos.

6. La Cautiva

Cautiva
en esta tierra
que habitaste
ajena al mar
de tus ancestros,
ves un río
que te observa
oscuro como la mirada
que te juzga y abandona
con tres sombras a tus pies
que te reclaman,
en una lengua
que no aprenderás
de tanto oírla.
La vigilia del regreso
ve tu vida despedirse
sonriendo, niña,
desde la bruma
de la infancia.

Porque no hay destino
que no encuentre
su esperanza,
ni cautiverio
que la muerte
no derrote.

7. Ajuar

Vacías las perchas
que el ajuar soñaron,
anudan penas
en el resplandor
que embriaga de azahar
la blanca ánima,
libre de prendas
su destino.