jueves, 4 de agosto de 2011

Río

Atraviesa la tierra el río
con su aliento de ceniza.
Porque fue de pólvora el aroma
que la luna repite en su vaivén,
evanescente escama
del múltiple pez que ya lo habita,
nuevamente vida de las orillas
que se abren a su paso.

Debajo de la noche
su desprendida piel
hecha niebla persiste,
puro espacio;
fuera del tiempo de su pulso,
que ausente de forma,
retumba en el oído
sin encontrar la imagen
que lo explique.
Porque no es del mar la ola
que suena antes de rota
y fugaz desaparece
en el gesto de su espuma.
Es el río,
ciego, sordo y mudo,
que de tanto andar
parece quieto.